Francisco Ferrera

Nació en Cantarranas, hoy San Juan de Flores (1794). Sirvió como sacristán, músico de iglesia, sastre, escribiente, consejero de alcalde y Alcalde Municipal su carrera militar la inició en 1827 al presentar comprobantes a las tropas guatemaltecas enviadas por el Gobierno Federal de Arce; peleó en el sitio de Comayagua, apoyando a Morazán, participando en la batalla de Gualcho, derrotando a Vicente Domínguez en Tercales y La Ofrecedera. Electo Jefe de Estado el 1 de enero de 1841, fecha que, en opinión de Víctor Cáceres Lara, «marcó al pasó de Honduras el régimen federal al gobierno unitario».

Su conversión ideológica-política dio paso a un creciente conservadurismo, constituyéndose en un implacable enemigo de la causa Liberal. Pese a que fue derrotado por Morazán en las acciones del Espíritu Santo y San Pedro Perulapán en 1839, logró evitar su total aniquilamiento y con su fusilamiento del primero en 1842 se consolidó la reacción conservadora, que en nuestro país gobernó casi todo el período comprendido entre ésta fecha y 1876.

En 1847 fue electo nuevamente con el titular del Ejecutivo pero renunció colocando a Juan Lindo, pero éste con habilidad política, logró que abandonara el país, dirigiéndose a El Salvador, falleciendo en Chalatenango en 1851. De él se expresó así Ramón Rosa: «fue grande y grande en sus crímenes…implacable demoledor de la República de Centroamérica…Ferrera tenía el raro don de los hombres políticos que se saben retirarse a tiempo…Obró como militar y político, pero como también como tirano despiadado; sembró el terror…Ferrera hizo bien en sostener, con entereza, la dignidad de su puesto y el decoro de la nación.

Culpable fue por el rigor, por la barbarie de sus procedimientos, y victoriosos, por ser cruel e implacable contra enemigos indefensos; pero no fue culpable por su resolución enérgica de combatir, hasta lo último, a invasores y a facciosos. Su faltas fueron enormes, porque comúnmente no hacía justicia, se vengaba; pero en cambio, no dejó que Honduras fuese, como en posteriores tiempos, el lugar favorito de alegres paseos militares, productores, para estragos, de ascensos y de galones…El grande, el enorme e indisculpables crimen que cometió Ferrera, fue el de convertirse en enemigo jurado, en principal demoledor de Centro América».