Gustavo Adolfo Alvarez Martínez

Fue un militar y político hondureño, Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Honduras entre 1981-1984.

Nació en 1938 en la ciudad de Tegucigalpa, capital de la república de Honduras y falleció en 15 de enero de 1989 en la misma ciudad. Fue un militar y político hondureño, Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Honduras entre 1981-1984.

General, realizó parte de su carrera castrense en el Colegio Militar de Argentina entre 1958 y 1962, continuándola en su país, Guatemala, Estados Unidos y Perú, donde se graduó de Comando y Estado Mayor en la Escuela de Guerra, en 1972.

Ascendió rápidamente en la estructura de poder de las Fuerzas Armadas de Honduras, llegando a Coronel y confiándosele la comandancia del Cuarto Batallón de infantería con sede en La Ceiba. En abril de 1978, siendo Comandante de esa unidad militar, fue acusado de estar involucrado en un caso de soborno otorgado por la multinacional bananera Standard Fruit Co. También giró órdenes para la captura y encarcelamiento de la Junta Directiva de la Empresa Asociativa de Isletas en 1977, purgando cárcel en Trujillo por casi dos años, al cabo de los cuales sus integrantes fueron liberados al no encontrarse causal legal para continuar detenidos. Pos­teriormente fue nombrado Jefe de la Fuerza de Seguridad Pública.

En enero de 1972 asumió la Jefatura de las Fuerzas Armadas, poco después que ganara las elecciones el candidato Liberal Roberto Suazo Córdova, con el cual entabló una alianza ya que dado que no reunía los requisitos contemplados en la Ley Constitutiva de las Fuerzas Armadas, la misma fue modificada por el Congreso Nacional, con instrucciones del Presidente Suazo, quien en ese entonces contaba con mayoría dediputados. Esta acción causó desagrado entre los compañeros de armas de Álvarez, varios de los cuales aspiraban al mismo puesto y poseían mayor número de años de servicio. Días después fue ascendido a General.

De acuerdo a observadores de la situación política, su nombramiento significó el ascenso al poder del sector pro­ norteamericano en los principales cargos de la dirección militar y la hegemonía de los mandos castrenses de academia frente a la tradición semi-profesional del Ejército hondureño.

Durante su mandato se permitió que tropas salvadoreñas entrenarán en el Centro Regional de Entrenamiento Militar (CREM), ubicado en Puerto Castilla, lo que significó una nueva fuente de discordia al interior de las Fuerzas Armadas.

Álvarez sistematizó la implantación de la Doctrina de Seguridad Nacional en Honduras, la cual había asimilado durante su estadía en Sur América, aplicando una política deliberada de represión, torturas y asesinatos. El 31 de marzo de 1984 un movimiento encabezado por el entonces Comandante de la Fuerza Aérea Hondureña, participante en el conflicto bélico con El Salvador en 1969, Walter López Reyes, derrocó a Álvarez en lo que se conoció como un “golpe en las barracas”, siendo expulsado hacia Costa Rica y dado de baja. Se marchó luego a Miami, donde inició una conversión religiosa en una secta protestante.

Regresó a Honduras en 1988 siendo asesinado supuestamente por el Movimiento Popular de Liberación Cinchonero el 25 de enero de 1989, de acuerdo a la versión oficial.

La publicación Cronologías No. 2 del Centro de Documentación de Honduras opinó que “Gustavo Álvarez Martínez ha sido uno de los personajes que con mayor fuerza e intensidad ha marcado la polítíca hondurena de los últimos años. . . “mientras que en su Boletín Informativo entrega No. 36 sostiene que logró acumular “el mayor grado de poder personal e institucional en la historia de las Fuerzas Armadas de Honduras. . . llegó a convertirse en corto tiempo en el único Jefe de las Fuerzas Armadas que, como ninguno de sus antecesores, había podido centralizar en sus manos un volumen increíble de poder y un grado impresionante de control político dentro de la institución castrense… Convertido en los últimos años en el aliado más importante de la administración Reagan en el área centroamericana. . . militar profesional y político inexperto. . . no supo comprender que sus afanes por modernizar y profesionalizar el ejército habrían de entrar en contradicción inevitable con su tendencia inequívoca a la centralización unipersonal del mando político dentro de la institución. Tal tendencia cerraba las posibilidades a la democratización interna del ejército y negaba la perspectiva a lo que era una resultante lógica de la modernización y profesionalización militar,la participación democrática de los oficiales con responsabilidad de mando en las distintas unidades de las Fuerzas Armadas.” De acuerdo a Aníbal Delgado Fiallos, “no gozaba de la aceptación de los sectores populares, es más, se le temía.

Formado en academias militares de América del Sur tenía una actitud fanática frente a lo que él consideraba subversión, veía comunistas aquí y allá y era partidario de una solución militar al problema con Nicaragua… sus concepciones sobre la democracia y la expansión comunista estaban determinadas por sus concepciones sobre la seguridad nacional que le inculcaron sus mentores del colegio militar El Palomar, de la República de Argentina.”