Tierra de mis mayores

Por: Víctor Cáceres Lara

Morena y cálida tierra de mis mayores,
exúbera de frutos,
cansada de promesas:
eres sustento de todos los afanes,
inspiración febril de toda lucha
y estandarte flamante de los sueños.

¡Cómo te has puesto con los ósculos de mayor!
¡Cuál palpita tus seno dadivoso!
¡Cómo se ensanchan tu pujante extraña
y vaporiza su amoroso anhelo!.
Por las tardes contemplo tus colinas
verdes en sus ascensión hacia los cielos
como índice de esmeralda que señalan
las rutas de la lucha y las estrellas.

¡Cómo se ven tus ríos resonantes!,
Corren en la amplitud de las sabanas
fertilizando el agro y dando vida
a los rebaños de las mil vacadas
parecen las arterias que desangran
el seno sin rival de las montañas
y al dibujar sus curvas en los valles
simulan las serpientes que reptaron
en los cuentos lejanos de la infancia.

¡Cómo se ven tus campos prodigiosos!,
aquí el maizal arqueado por las brisas,
sobre las tierras húmedas y prietas;
allí el arado que al abrir los surcos
prepara el lecho tibio y generoso
para que al resucitar las semillas;
siempre el labriego que en espera eterna
hace olvido tenaz de sus fatigas,
para emprender su guerra contra el hambre.

Morena y cálida tierra de mis mayores,
exúbera de frutos,
cansada de promesas:
eres sustento de todos los afanes
inspiración febril de toda lucha,
estandarte flamante de los sueños.
¡Cómo te quiero con mi amor más vasto!.
¡Cómo te vivo en tu calor moreno!
¡Cómo te canto con unción de entrega!
¡Cómo te sueño en tu esplendor de gloria!
Animas mis anhelos: ¡Los enciendes!
Y vives en mi idea: ¡Las iluminas!

Te sueño en tu color de arcilla virgen,
húmeda de la emoción de las lloviznas
y encendida de luz cuando de bañas,
con el milagro de solares rayos.
Te sueño en la canción que da la lluvia,
mientras, entre relámpagos y truenos
lanzas tu aroma espiritoso y dulce
para que haya diluvio de recuerdos.

Tu canto con mi vos llena de arrullos,
verde y feliz cuando la hierba cubre,
los flancos empinados de los cerros
y cuando baja la furia del verano
se estremece tu entraña calcinada
por la mordida cruel de los calores.

Te canto siempre con mi voz ardida
de puro amor, de anhelos de grandeza,
de sueños y de ideas que persiguen
una ruta de luz en tu futuro.

Y siempre anhelo que tu altiva gloria,
semillero de puros heroísmos,
se dilate sin fin por los espacios
cubriendo el tiempo de sonoros himnos.
Pienso en el sacrificio de tus mártires,
en el sacro evangelio de tus santos,
en la lucha invencible de tus héroes,
en la alba nitidez de tus patriarcas
y en el empeño recio de tu pueblo
por abrirle la puerta a la esperanza.

¡Morena y cálida tierra de mis mayores,
exúbera de frutos,
cansada de promesas:
que lleguen las fecundas realidades,
que fructifiquen ya las esperanzas
y que resuene el coro de los hechos
por encima de estériles palabras!