La Cueva del Gigante

Ubicada en el sureste del país, Fue descubierta para la ciencia a principios de los años noventa por el arqueólogo George Hassemann, entonces jefe de la Sección de Arqueología del Instituto de Antropología e Historia (IHAH).

La cueva es en realidad un abrigo de enormes proporciones, horadado sobre la piedra volcánica de una pequeña montaña. Por sus características físicas, la cueva nunca recibe la lluvia, el sol directo ni el viento fuerte, creando así un microclima seco y estable que se ha mantenido invariable desde hace miles de años.

De acuerdo a los estudios efectuados por E Scheffler, la cueva sirvió de abrigo para grupos humanos desde el período arcaico (10,000 – 4,000 a.C.) y se extendió hasta el período formativo (1760 – 220 d.C.). Las pruebas efectuadas por los investigadores demostraron una antigüedad que data del año 9480 a.C, esta fecha la convierten en el primer registro de la presencia del hombre en Honduras.

Scheffler realizó reconocimientos de superficie y excavaciones, demostrando que el 32 refugio había sido utilizado a lo largo de miles de años por grupos de cazadores, recolectores que fueron desarrollando muy lentamente modelos primitivos preagrícolas.

De acuerdo a Scheffler, estos primeros Hondureños no eran cazadores al estilo Clovis, que perseguían mamuts para traerlos desde largas distancias, es más probable que cazaban los animales que tenían a la mano (ciervos, posiblemente) y que hicieran abundantes recolecciones del entorno local.

Las excavaciones reportaron una gran cantidad de muestra de ciruela, maguey, aguacate, frijoles y árboles frutales, todas ellas junto con restos de armadillo, cangrejos y tortugas de agua dulce. Estos alimentos junto a la domesticación del maíz, mucho después, fueron la base de la alimentación durante miles de años para la gente del Gigante.